martes, 3 de julio de 2018

Islandia, del bacalao a la invasión de los guiris

Un milagro que nunca existió

Un milagro que nunca existió, un destino masificado


Islandia, un país de 337.000 habitantes, más o menos el tamaño de Alicante, estuvo durante algunos años en boca de los podemitas que reivindicaban, en Facebook y otras redes sociales pasto de ignorantes y demagogos, su modélico tratamiento de la crisis financiera que había dejado caer a los bancos sin rescate y había salvado a sus escasos habitantes de la mayor crisis del siglo.

Álvaro Corcuera publicaba en El Pais Semanal del pasado domingo un certero artículo sobre el país, el turismo masivo que lo invade en proporciones nunca vistas, multiplicando por cinco el número de habitantes y con un crecimiento rampante, pasando de 488.000 visitantes en 2010, año de la erupción del Eyjafjallajökull, principal responsable de la explosión del turismo masivo, a 2,17 millones que esperan este año, alrededor de un 350% más, y las miserias de las burbujas inmobiliarias y financieras.

Eso provoca por ejemplo que la sanidad se encuentre saturada porque la llegada de cruceros, uno al día en verano, satura los hospitales de ancianos cruceristas con problemas y los vacía de enfermeras que prefieren el sector turístico, por ejemplo como azafatas en las líneas low cost. Y como siempre los guiris se concentran en pocas zonas, en el llamado Golden Triangle y en el volcán de nombre impronunciable, provocando monumentales atascos, degradación y frecuentes accidentes de coches.

Pero es que la crisis y su manejo por parte de las autoridades distó mucho de ser ejemplar como nos querían hacer creer. Hoy todavía se siguen produciendo desahucios porque el Estado prefirió que los consumidores pagaran los errores de los bancos antes que intervenirles, según comenta Asthildur Loa, presidenta de la Asociación de Hogares de Islandia. Y AirBnB ha vuelto a calentar la burbuja inmobiliaria al calor de la moda. Hoy está regulada y no se permite alquilar a los particulares más de 90 días al año.

El turismo es responsable del 40% del PIB mientras que en España, segundo país en entradas turísticas del mundo tras Francia, no representa más del 11% y todo huele a recalentado, según reconoce el propio ministro de Economía, con una deuda 10 veces superior al PIB, mientras que aquí roza el listón de ese índice, lo que ya se consiera desmesurado.

La corona islandesa fluctúa entre grandes devaluaciones y significativas apreciaciones. Bajó un 70% en 2008, abaratando costes para que los turistas afluyeran como moscas a la vez que dejó en la indigencia a sus hipotecados ciudadanos y hoy vuelve a estar por encima de su valor real, habiendo subido un 26% solo en 2016, lo que hace que los visitantes gasten lo menos posible y las empresas tecnológicas huyan en busca de nuevos horizontes con arrendamientos y créditos más baratos.

Los empresarios del ramo claman por un turismo menos invasivo y que deje más dinero. Pero, como bien sabemos por estas latitudes, no es fácil dar la vuelta a la tortilla. Y la subespecie del guiri Magaluf se expande como la langosta, dejando todo agostado y "mafiaficado" a su paso. Eso sí, para los pocos que son practican un fútbol bastante apañado.

La conjunción astral de las líneas aéreas low cost, el alquiler salvaje de apartamentos, la burbuja del ladrillo, las hipotecas basura y el sistema financiero mundial junto con la ambición desmedida de los nativos están provocando, como en tantas partes, el destripamiento de la gallina para averiguar dónde esconde sus falsos huevos de oro.

O sea que esa fosa séptica que son las redes sociales no difunde solo bulos. Es el comedero habitual  de los degustadores de medias verdades, mentiras masivas y tergiversaciones groseras para ignorantes y demagogos de chalet en Galapagar.