jueves, 26 de julio de 2018

Cruceros y bovinofobia

El inframundo crucerista y cómo reírnos de ellos

El inframundo crucerista y cómo reírnos de ellos


Uno de los libros más divertidos que se puedan leer sobre la funesta manía del crucerismo, en este caso de lujo por el Caribe, pero aplicable también al más cutre que abarrota el Mediterráneo.

Allí proliferan mastodontes parecidos a Benidorm en miniatura, poblados por la especie humana más bovina, tanto a bordo como cuando desembarcan en masa a degustar comida basura y comprar souvenirs made in Hong Kong.

Descacharrante, si se lee en público no pararán de mirarnos debido a las incontenibles carcajadas, por ejemplo cuando el autor que realizaba un reportaje para la revista Harper, describe el episodio del inevitable tiro al plato.

Nadie escapa de la escabechina, personal, marinería -es un decir-, parejas obesas de edades provectas, maduros con pantorrillas depiladas, el propio autor, semiagorafóbico como el que firma, la mujer del director de crucero, Videoman, el Capitán Dermatitis y demás personajes patéticos que pueblan este mundo decadente del turismo pasivo, masivo e invasivo.

Dice la editorial
Foster Wallace elabora en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer una postal gigantesca basada en su experiencia en un crucero de lujo por el Caribe. Lo que a primera vista parece ser un simple viaje «para relajarse», en manos de un humor delirante y un cinismo corrosivo acabará convirtiéndose en el horror más absoluto.

El autor
David Foster Wallace, muerto prematuramente en 2008 suicidándose a causa de una profunda depresión, fue uno de los autores más brillantes del Nuevo Periodismo y escribió una de las obras más aclamadas -no entre cruceristas e individuos de similar cociente intelectual- La broma infinita. Diseccionó como nadie la sociedad capitalista y los monstruos que produce, entre los que abunda la bovinocracia.

Sus restos descansan en la remota isla de Alejandro Serlik, del archipiélago Juan Fernández, en medio del Pacífico, donde fueron depositados por su amigo, el también escritor Jonathan Frazen.


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