martes, 8 de agosto de 2017

TurismoMasivoFobia

Felicidades a Arran y otras hierbas

Felicidades a Arran... y otras hierbas


Nunca pinchar una rueda tuvo tanto eco ni tanta efectividad, hay que felicitar a los militantes de Arran (y otras hierbas) porque con tirar unos cuantos confettis a los guiris, encender un par de bengalas, pinchar una rueda y gastarse la décima parte de sprays que gastan los grafiteros descerebrados en un fin de semana, han acaparado portadas y titulares, abierto telediarios e incluso han obligado a la momia de Rajoy a balbucear unas palabras en medio del ataque de lumbago sobrevenido al agacharse a recoger el Marca.

Los medios, sobre todo los especializados como Preferente, que habla de ataques armados, han sacado toda la demagogia ribeteada de histeria, llegando a hablar de armas de destrucción masiva (ese cuchillo tocinero pincha ruedas) y uniendo ETA, CUP, lucha armada, Bin Laden, Maduro y Wonder Woman.

Al margen de las opiniones interesadas del lobby turístico, hoteleros, OTA's, ryaneros, chóferes y dueños del transporte colaborativo o el cutre de toda la vida, compañías de los monstruosos Benidorms flotantes, Marinos Dorados, especuladores urbanísticos capaces de recalificar un geranio... los medios de incomunicación y las estúpidas redes sociales para millenials narciso obsesionados, han aprovechado para arrimar el agua a su sardina y el ascua a su molino y clamar contra el independentismo, Cataluña, la CUP y el Barça, Rufianete, Otegui y Arzallus y entonar loas sobre nuestro monocultivo patrio, los benditos bares, los millones de inmigrantes trabajando de camareros o kelys por cuatro duros (un par de euros) y el gigantesco cartel en forma de toro con los atributos bien puestos que figura en todos los pasos fronterizos de Pirineos bajo la leyenda "Visite nuestro bar".
Paellofobia


Y es que todavía no se han dado cuenta, empachados de sangría de bote, que lo que se pone en cuestión es el TURISMO MASIVO, depredador, invasor, borrachuzo y cutre que está acabando con la vida de los barrios, los alquileres razonables, la personalidad de las ciudades, las playas, las islas, la restauración de toda la vida... 

En definitiva y paradójicamente, va a acabar con el turismo. 

(Dicho lo cual nos volvemos a nuestros cuarteles de verano hasta finales de agosto. Y por supuesto condenamos la violencia venga de donde venga, sobre todo si viene de Neymar).