lunes, 26 de junio de 2017

Cañas y ladrillos

Contra el monocultivo, turismofobia


Los periódicos son unánimes en señalar la creciente turismofobia que se va apoderando de las ciudades que concentran el grueso de la invasión turística, Barcelona, Palma, Madrid, Valencia, mientras el cambio climático cuece la mitad meridional de la Península en su propia y espesa salsa ali oli...

Jordi Sevilla, economista del PSOE (Podemitas Sanchistas Obtusos Españoles), señala que el país no puede vivir de echar cañas como antes ha querido vivir del ladrillo, los dos pilares del milagro económico español desarrollista.

La eclosión de la economía colaboracionista, desregulada, en negro y cercana a la estafa, ha hecho proliferar los pisos ilegales turísticos, hasta rozar el esperpento de que falsos inquilinos los realquilen a turistas; la mano de obra inmigrante nutre los hoteles en forma de Kelly con salarios esclavistas y los chiringuitos de sushi de callos y sangría de garrafón.

Las infraestructuras chirrían con alcantarillados atascados, redes caídas, playas contaminadas y plagadas de medusas y carreteras colapsadas mientras la web de Renfe se convierte en paradigma del I+D español (Incompetencia más Despilfarro) liderado por el desternillante ministro del ramo, capaz de hacer bueno a Soria, el ministro panameño, y cuyo único sueño es destronar a Francia como vertedero mundial de turismo basura. 

Y en este país de extremos la turismofobia crece desbocada al mismo ritmo que las invasiones foráneas avanzando hacia el monocultivo, con el cartel que anuncia en los Pirineos VISITE NUESTRO BAR...