lunes, 10 de abril de 2017

La burbujeante España

Crece la turismofobia

Y crece la turismofobia

Este país es de burbujas, nunca de matices, de blancos rabiosos o negros plomizos, nunca de grises. Bien es cierto que desde el desarrollismo franquista y fragista se fijaron dos objetivos: turismo y ladrillo, con alguna industria auxiliar de mano de obra barata y sumisa a golpes de porra. Ahí sí triunfaban los grises...

Hoy no han cambiado mucho las cosas. Tras la resaca del euro y los créditos blanditos parecía que ya éramos de verdad europeos con su nivel de vida y bienestar. Entonces reventó la burbuja, comenzaron los desahucios, -todo el mundo que ganaba de 800 euros para arriba se compró al menos un piso-, y los recortes furiosos. Pero era cosa de unos años antes de repetir el modelo.

Y empezó la diversificación de las otras burbujas, el turismo sobre todo el cutre, que deja poco dinero pero combate la estacionalización, y el de siempre, tres estrellas superior, que produce monstruos como el de Ibiza donde los trabajadores desplazados a la isla tienen que pagar mil euros por una habitación, seiscientos por un chabolo.  

El de las mafias como Magaluf que controlan la noche y la policía al mejor estilo Chicago años 20.

El de AirBnB que invita a alquilar en negro cualquier chamizo amargando la vida de los vecinos y disparando los alquileres para los residentes. 

El del AVE a todas partes gastando millones y pagando mordidas a tocateja mientras los trenes regulares se arrastran a velocidades de gusano con horarios de posguerra, que recuerdan el autobús a Cadalso. 

La de los cruceros, esos Benidorm flotantes que contaminan con gasóleo pesado y con pesados que arrasan las ciudades portuarias y las tiendas cutres de souvenirs todo a cien, como tan brillantemente han denunciado los periodistas de Univisión en Vacaciones en tierra de nadie, premio Ortega y Gasset de periodismo 2017.

El del botellón de cientos de miles de Erasmus, Orgasmus, semanasblanquistas donde las bandas de energúmenos arrasan hoteles, plazas y barrios enteros ante el beneplácito de sus corruptas corporaciones municipales. 

Carboneras contra los chiringuitosEl de los chiringuitos playeros, como en Carboneras, Parque Cabo de Gata, donde el ayuntamiento prepara el establecimiento de siete chiringuitos, siete, en su franja de playa, separados por 150 metros preñados de música bisbalera, mientras los vecinos del paseo marítimo resisten (ver foto).

Y las burbujas proliferan: de fútbol y sus figuras, del AVE, de chiringuitos en las playas, de populismo rufianesco-lerrouxista y coletero-madurista, el del omnipresente móvil que ha forzado a que Renfe tenga que habilitar vagones para personas que llaman "de silencio"...

Y claro, crece imparable la turismofobia, pero no importa. Se la declara delito de odio y al que haga un chiste al respecto se le mete en la cárcel.

Esto es la Marca España, tengan buenas vacaciones de Semana Santa y como dice el último denunciado por un chiste, "Mañana más, pero no mejor porque es imposible".