miércoles, 19 de abril de 2017

De viajeros a turistas: II aviones sadomaso

El horror de volar

El (otro) miedo a volar


Hace ya tiempo del 11 S vino a revolucionar el modo de volar con controles inmisericordes, humillaciones de todo tipo e insultos a la privacidad, otorgando poder absoluto a las tripulaciones. Cualquier queja  o comentario adverso se contempla en los aeropuertos y aeronaves de Estados Unidos como una amenaza y se trata como tal

Hace un tiempo similar que Amadeus empezó a murmurar sobre los ancillary services, es decir, sobre los servicios auxiliares, donde se iba a pagar por todo lo que antes NO era gratis, sino que se pagaba en el precio del billete: comidas, refrigerios, maletas, espacio entre filas, embarques racionales, amabilidad, posibilidad de cambios en los billetes por un precio razonable, etc...

Desde el estallido de la crisis se ha impuesto la moda del loucostismo, es decir que todo figure como muy barato y que se pueda comprar muchas veces sin importar la calidad y lo que se recibe a cambio del dinero, ya sea moda teñida en sangre pagando a los modernos esclavos del textil unos céntimos la hora, marcas blancas que parecen negras, billetes aéreos a 5 euros que se pagan vía subvenciones directas a las líneas aéreas, apartamentos andrajosos vestidos de "la simpática atmósfera local"...
El horror de volar

Volar es una tortura ahora que dicen que la masificación es democratización y que la democracia es echar un papelito en una caja cuando le interesa al populista de turno.

Aeropuertos masificados, controles humillantes, restricciones a lo que se puede llevar, inspecciones en móviles y portátiles y sus contenidos, cacheos prostáticos, embarques deliberadamente lentos para que compremos "prioridad", espacio entre asientos especialmente diseñados para crear trombos en las piernas, borrachos a bordo, restricciones sobre el equipaje -ya están hablando sobre cobrar por el equipaje de mano-, altavoces y fanfarrias por la megafonía, personal auxiliar de modos chulescos...

En Iberia el viajero 'premium' disfruta de 94 centímetros de separación entre fila, mientras que el de turista desciende a los 71 en los modelos A319 y A320, menos todavía que Ryanair, el estándar de la incomodidad, que tiene 76,2 cm.

Es lo que se llama miseria controlada, según publica El Confidencial. Hay que degradar todo lo posible el servicio normal para que los clientes paguen todo lo que haga falta para escapar de ello. 

Pero faltaba la traca final, sacar a golpes a los clientes, sí, clientes, que han pagado su billete y se niegan a ceder su asiento a otros que han pagado más o debido a la nula planificaciónn de los vuelos de las tripulaciones. En vez de brutalidad o abuso lo llaman overbooking.


Mismas tarifas, menos derechosHasta ahora lo han hecho en tierra. No extrañaría que habilitasen una compuerta para tirar pasajeros cuando el avión esté en el aire y dejarlo caer sobre el Atlántico ahora que el loucostismo afronta el largo radio con tarifas auténticamente engañabobos. 

O si no lo creen compruébenlo en Level, el nuevo artilugio de Iberia para cobrar lo mismo ofreciendo menos. Sume los trayectos y los extras y verá que las tarifas no han cambiado nada de las de aquella época del célebre y repugnante jugo de naranja de Iberia. Los derechos en cambio sí han disminuido sensiblemente.

No nos estamos jugando volar más cómodos, nos estamos jugando que puedan tratarnos como ganado al que todo le vale para volar mucho y muy barato. No en mi nombre.