jueves, 23 de marzo de 2017

Carlyle suelta una propina y corre

El caso Orizonia, un escándalo de libro

El caso Orizonia, un escarnio anunciado


De los 160 millones que pedía el juzgado por la quiebra de Orizonia, la multinacional está dispuesta a soltar una minucia, 10 millones, ni siquiera la décima parte, por su responsabilidad directa e inequívoca en la quiebra de la mayorista que llegó a ser líder en España.

La multinacional compró a Iberostar su emisor utilizando el truco favorito de los empresarios, el apalancamiento financiero, pagando en metálico menos del 19% del valor de la compra. El resto se pidió a entidades financieras, que con su probado olfato por la insolvencia y su torticera manipulación de sus activos, consiguió cobrar algunos años hasta llegar a la anunciada quiebra, mientras Carlyle se llevaba los beneficios que se obtenían en la cuenta de explotación.

Y esto a la espera de vender su parte y cerrar una jugada especulativa de tahúr de casino. Pero no contó con la crisis.

Deja 30 millones por pagar a los trabajadores y una ristra de impagos a otras empresas. 

Otras empresas del sector siguen el mismo camino de la mano de los mismos tahúres de manual.