martes, 24 de enero de 2017

Gastro Tontunas

La burbuja del comistrajo

La burbuja del comistrajo


España es tierra de burbujas. Del ladrillo, de las drogas, de los hipsters, de Lavapiés, de los selfies, de la comida pretendidamente moderna, de la caridad y del 0,7%, de la corrupción, de los jueces mordaza...

Dentro de la burbuja turística que nos invade, nunca mejor dicho, se encuentran la del ladrillo costero y la más estúpida, la gastronómica. Programas de televisión sin cuento, concursos, cretinos disfrazados de cocineros modernos, -desde jovenzuelos madrileños vestidos de Desigual hasta gordos con chaquetas sacadas de la pesadilla de un psiquiatra-, todo es gastronomía, hidrógeno, catalanes listillos haciendo buñuelos de nada, modernidad de sacristía y menús de cientos de euros. Con la siempre honrosa excepción de ciertos cocineros vascos y algunas abuelas serias de la España profunda.

Mientras, a nuestros visitantes se les engaña masivamente con menús turísticos inventados por Fraga en su mejor época franquista, donde abunda la paella de bote y el gazpacho de fregadero, regados con una sangría que no conoce la uva, pero practica la elegancia social del garrafón.

Para sazonar este cúmulo de despropósitos de la siniestra Marca España, se abre en Madrid el Gastrofestival este 21 de enero que nos sorprenderá con tontunas de variado calibre entre las que hemos destacado las más bizarras:

¡Qué dentera!
Primer Premio: La Tetería Tekeré y la librería El dinosaurio todavía estaba allí proponen una tarde de té japonés y haikus que se crearán durante la cata. José Luis Rodríguez Espín los escribirá en sus kanjis y el cantautor Daniel Hare interpretará algunos versionados con su guitarra. Después se abrirá el micrófono para todos aquellos que quieran leer sus poemas. ¡Uy, qué dentera!

Segundo Premio: Ocho y medio, la increible librería menguante, un sitio con menos libros que la casa de Cristiano Ronaldo, presenta un corto sobre una cocinera extraído de un capítulo de Vida de Santos: empezó como lavaplatos y terminó con dos estrellas, Michelín, por supuesto.

Accésits varios: Pero la colección de actividades descacharrantes no se queda ahí: fotos de tapas que parecen autopsias, -una actividad que debería ser declarada anticonstitucional por los jueces de la Ley Mordaza-, alta costura con verduras en el Museo del Traje, catas socráticas de vino... 

¡Señor, llévame pronto!