viernes, 25 de noviembre de 2016

Suecia en Madrid antes de Ikea

El Hotel Suecia, un mito de la ciudad
Los viernes, un poco de relax

El mítico hotel Suecia revisitado


Enclavado en una de las mejores zonas de Madrid, fue sitio predilecto de caracteres fuertes como Hemingway y el Che y escritores bohemios como Julio Cortázar y Ernesto Sábato entre otros personajes, y de toda clase de espías desde que abrió sus puertas en 1956. 

Dicen que los guerristas del PSOE hicieron del hotel su cuartel general para asegurarse que solo ellos salieran en la foto y el escritor chileno Ernesto Sábato, lo describió de forma insuperable: "Lo mejor de dos mundos, sueco pero en Madrid".

Hotel SueciaTambién albergó la Casa Suecia, que allí pasó a llamarse Centro Escandinavo donde los madrileños de posibles y de cierto gusto por lo exótico degustaban los fines de semana un Smorgasbord en el restaurante Bellman, y donde probaban, acaso por primera vez, salmón ahumado y se alojaban miembros selectos de la socialdemocracia escandinava, residentes en Madrid o de paso, a conocer las miserias de la dictadura franquista antes de que invadieran todas las casas de clase media alérgica a la formica con sus muebles de Ikea.

Su privilegiada situación cerca del museo del Prado entonces, y de los tres grandes hoy, y junto al Ateneotemplo masónico por excelencia, y hoy también cercano a otro templo, esta vez de embaucadores profesionales como la Cienciología, hacía que sus habitaciones fueran preciadas por toda clase de oscuros personajes. Y es vecino del Círculo de Bellas Artes que como siempre se debate entre el ser y la nada: filosóficamente y de ellos mismos...

El mítico hotel Suecia de Madrid
Tras su derribo se hizo con el edificio la cadena Meliá sin éxito alguno hasta que la cadena NH lo incluyó en su cartera, que exhibe ahora sus cinco estrellas bajo el nombre de NH Collection Suecia

Hay todo un mundo entre su minimalismo primitivo y luminoso de firma nórdica, a su actual y falso aire hipster meláncolico, teñido de un malva decadente de plató de televisión basura, que se traducen en doscientos euros de diferencia por habitación, -alrededor de 30.000 pesetas de aquella época-, y un salmón de calidad entonces e ignoto origen genético ahora. Y es que contra Franco nos alojábamos mejor.