viernes, 9 de septiembre de 2016

Goa entre La Manga y Magaluf

Paraísos perdidos
Los viernes, un poco de relax

Paraísos perdidos


Hace muchos años era un paraíso donde recalaban los hippies después de bajar por tierra hasta Pakistán y Nepal, para dejarse arrullar por las olas de un mar batido pero no agitado, exactamente al contrario que los Martinis del 007, que nunca hubiera parado por allí.

Solo había que tener cuidado con las amebas y con los vendedores de artesanías de la playa: con el chorizo trucho de reminiscencias portuguesas, y con no abusar del motor rickshaw en trayectos desde  Panaji o el aeropuerto a las playas que te metían un chute de gasoil en el alma.

Luego llegaron las primeras avanzadillas de occidentales cansados de los ashrams austeros y la vida disciplinada del yoga de tierra adentro.

Y finalmente llegaron los rusos, una especie turística especialmente depredadora, de dinero fácil y educación y caprichos de nuevos ricos. Y tras la fiebre llega la resaca. 

Ahora es un paraíso perdido por la masificación, el turismo insostenible y el ansia india de hacerse ricos, solo superada por los chinos en los engendros construidos en Vietnam, por ejemplo al filo de la bahía de Ha Long, en el norte.

Basura, plástico, aguas fecales, inseguridad, asaltos, falta de alcantarillado, construcción masiva, casinos flotantes... así lo describen en The Guardian una pareja mixta que ha huido  tras años de vivir en Goa.

O sea, como la Manga del Mar Fecal pero con yoga. Y donde las medusas son sustituidas por las bolsas de plástico. O como en Magaluf sustituyendo los ingleses macarras por rusos mafiosos

Ese parece ser el imparable futuro de las costas turísticas si no lo impedimos. Si no nos rendimos al mantra falso de la creación de puestos de trabajo de ínfima calidad que enarbolan los grandes tour operadores y sus corifeos en los medios.