lunes, 4 de julio de 2016

Vueling y la marca Cataluña

La ultra low cost estalla en verano

Fomento abre expediente a Vueling


Lo barato acaba saliendo caro, que se lo digan a la aerolínea ultra low cost, la catalana Vueling,  y sobre todo a sus clientes que impotentes por los retrasos, cancelaciones y pérdidas de conexiones se desahogan en Twitter. Es parte de la marca España, como decía esta semana el New York Times acerca del Canal de Panamá y su posible colapso por una conjunción de factores que puede acabar en tragedia.

La razón es sencilla: la planificación de la campaña de este año en que se ha apostado por un número redondo de 400 rutas, no se puede llevar a cabo ni con la plantilla de pilotos actual ni con la flota de la que dispone la compañía.

A eso hay que unir la incompetencia de sus cuadros directivos, un colectivo de pilotos y ATP's hartos de presión y malas condiciones que rozan el trabajo a reglamento, huelgas de controladores en países vecinos, mala planificación y ambición desmedida de su nueva cúpula por cumplir unos objetivos absolutamente desbocados, tras la salida de Alex Cruz, -a quienes muchos responsabilizan de este caos- a British Airways

Resultado, pandemónium en el aeropuerto de El Prat, vuelos suspendidos, retrasos de horas, pérdida de conexiones, vacaciones arruinadas. Y luego la forma de resolver las crisis trufadas de falta de información, prepotencia, etc.

No vale pedir excusas, esto no es Gran Hermano. ¿O sí? Alguien tendría que pedir responsabilidades, pero cómo, si en Barcelona hay una alcaldesa que permite y alienta las mafias de manteros en la ciudad mientras los comerciantes que pagan impuestos se miran atónitos y ese mismo ayuntamiento carga contra los apartamentos turísticos por falta de regulación.

Es la marca Cataluña. Igual de mala que la española, pero con burbujas.

Vueling en El Mundo Today