lunes, 4 de julio de 2016

Barcelona en la senda de Nápoles

La ley del embudo del ayuntamiento 


El ayuntamiento de Barcelona tiene una doble vara de medir según sus intereses políticos. Lleva adelante una campaña de tolerancia cero, son sus propias palabras, contra los apartamentos turísticos desregulados a los que ha amenazado recientemente con multas desde 30.000 a 600.000 euros si siguen anunciando pisos sin licencia para operar como tales. Para ello quiere aplicar a rajatabla la Ley de Turismo de la Generalitat en vez de la del Derecho a la Vivienda. La ley de Turismo contempla sanciones que oscilan entre la cuantía ya señalada en caso de infracciones muy graves, como la reincidencia.

No obstante y pese a las multas impuestas no hay registro alguno de multas efectivamente cobradas.

Y del otro lado del embudo y rozando la prevaricación la alcaldesa de Barcelona tolera y ampara la proliferación de las mafias dedicadas al comercio ilegal de mercancía falsificada, es decir a los manteros, que pueden llegar a los 800 en determinadas zonas céntricas de la ciudad. Después de haber tolerado la proliferación y haberles amparado incluso contra la propia policía municipal, ahora reconoce con cinismo su impotencia ante el fenómeno. Los comerciantes, restauradores y asociaciones de vecinos difundieron un contundente manifiesto que denuncia la “pasividad municipal”, critica el “buenismo ingenuo” de Colau para abordar el problema y amenaza con movilizaciones. Por ahora descartan la insumisión fiscal. 

Conocedores del fenómeno de la ciudad de Nápoles, controlada por la Mafia y con cientos de miles de inmigrantes ilegales vendiendo mercancía falsificada no dejan de denunciar que Barcelona sigue el mismo modelo. El de Nápoles, pero también el de la extinta Pompeya.