domingo, 14 de febrero de 2016

España-Cuba, trabajos de amor perdidos

Un largo noviazgo con final cornudo

Un largo noviazgo con final cornudo 


La política española hacia Cuba es la de un amor que ha aguantado un noviazgo difícil para separarse cuando el futuro pintaba un panorama alentador. 

Podría parecer que incluso con Franco y Fraga el vínculo estaba destinado a perdurar y ser eterno aunque esquivo, pero Aznar se empeñó en romperlo para contentar su ego y el de su jefe, el renacido Bush hijo. Luego vinieron las huestes de Zapatero que labraron una relación tibia y con altibajos, para ser sustituida por la errática y prácticamente inexistente política exterior del registrador gallego.

Ni siquiera Margallo, un ministro eficiente aunque gris, ha podido reconducir la situación y no hizo más que empeorarla cuando no fue recibido por Raúl Castro, que sí lo hizo más tarde con el ex canciller Moratinos y su jefe Zapatero.

La inversión española en Cuba ha sido siempre un hito en las relaciones y la Asociación de Empresarios Españoles es la única en la isla con más 500 empresas registradas. España, al margen de Venezuela y China es su principal socia económica, controlando más del 30% de sus camas turísticas.

Hoy que las aerolíneas estadounidenses anuncian que volarán a Cuba a partir del próximo otoño, que Castro Jr pasea por los Campos Elíseos firmando contratos con las principales empresas francesas mientras Hollande apuesta decididamente por acabar con el embargo, que los canadienses reafirman su interés estratégico en su patio vacacional caribeño, España no ha sido capaz más que de mandar al cenizo del ministro Soria a no hacer nada en una visita que pasará a la historia por inútil.

Los empresarios españoles se tiran de los pelos ante la dejación de su gobierno, al que tanto han apoyado en su política metropolitana, pero tampoco tienen ningún plan a corto y medio plazo para aprovechar medio siglo de relaciones privilegiadas con el país del verde olivo, que revolucionó el continente y que es la auténtica perla del Caribe. 

El lobby español en la isla hasta recibiría con alivio un gobierno del mismísimo Pablo Iglesias. Cualquier cosa menos el malage del plasma.