martes, 5 de enero de 2016

Frotarse las manos ante el crujir de dientes

El conflicto árabe inundará España de turistas

El conflicto árabe inundará España de turistas


El estado del conflicto entre árabes y persas, suníes y chiíes, entre los propios árabes y en el mundo musulmán propiamente dicho, tiene trazas de seguir creciendo tras la ejecución sumaria de un clérigo chíi disidente en Arabia Saudí, nuestro amigo del petróleo que haría llorar de envidia al propio Adolf Hitler, y que ha incendiado el ya muy chamuscado polvorín de Oriente Medio.

Parece el principio de una guerra que será civil en muchos países donde conviven ambas maneras de entender el Islam con antagónicas maneras de vivir su ideología religiosa y desde luego garantiza turismo cero desde el Atlántico al Índico y quizá un poco más allá.

Eso garantizará a España todavía más turismo receptivo, y si bien este año llegaremos a los 65 millones cuando se acaben de recoger las cifras de la Navidad, el año que viene ya hay corifeos que se frotan las manos con la cifra mágica de los 70 millones.

En plena orgía de multipartidismo emergente y de practicar el vicioso deporte de tener elecciones cada tres meses alguien debería plantearse qué significa eso, la masiva afluencia turística en el modelo productivo español de mano de obra nada cualificada -un país de camareros-, estacional, de bajo valor añadido, que ejerce un efecto pernicioso sobre profesiones, actividades, uso del suelo, ecología, cambio climático, sostenibilidad, presión sobre la población indígena...  

El debate sobre los límites del turismo no ha hecho más que empezar, si bien es cierto que a la española, es decir a gritos, tirándose los débiles argumentos a la cabeza para golpear al "enemigo" con ellos, y a ser posible televisado en alguna de las cadenas más populistas.

Todo tiene un límite y llega un momento en que el camarote de los hermanos Marx salta por las costuras. Por eso sería muy positivo que alguien empezara un debate de verdad sobre el tema, es decir serio y documentado.

Probablemente ahora que Ada Colau parece que va a arrebatarle la primacía no solo a Iglesias, sino, -según sus entregadísimos fans-, a la propia Hillary Clinton, sería una buen ocasión para que nos explicara despacio y sin sectarismo sus iniciativas al respecto.