jueves, 5 de noviembre de 2015

No fue un misil

Pero Londres sospecha de una bomba a bordo

Pero Londres sospecha de una bomba a bordo


Sharm el Sheij es un lugar paradisíaco para practicar el submarinismo y el dolce far niente

Pero también lo es para los militantes islámicos deseando alcanzar otro tipo de paraíso con 72 vírgenes a su disposición.

Londres acaba de anunciar la suspensión de sus vuelos sobre el Sinai, porque es un lugar infestado de yihadistas y porque aunque ahora se descarta la teoría de un misil que destruyera el avión ruso, cada vez cobra más fuerza la hipótesis de la bomba a bordo. Sobre todo desde que Washington reconociera que uno de sus satélites había detectado un resplandor en esas latitudes a la hora del siniestro.

Y porque nadie sabe por donde andan los misiles de Gadafi, de los que daba crédito Peter Bouckaert, representante de Human Rights Watch en Libia, SA7 rusos, que escamotearon los yidahistas aprovechando la anarquía, -ni en Irak ni en Libia interesaba un gobierno alternativo, fuerte y sostenible-, buscada conscientemente por las potencias occidentales para cubrir sus intereses petrolíferos y estratégicos en la región. La misma que estuvieron a punto de repetir con idéntico "éxito" en Siria, frenada por los chiíes y sus aliados rusos.

Mientras tanto, viajar a Egipto y a Sharm el Sheij representa un riesgo contundente. Y sobrevolarlo también.

El espacio aéreo civil donde hay zonas de conflicto parece haberse convertido en zona de guerra.