viernes, 13 de noviembre de 2015

Los lugares del antiviaje

Los viernes, un poco de relax

Ahuyentadero de turistas


Esto no es Benidorm, La Manga, Magaluf, o similares, sino todo lo contrario para los turistas más conspicuos, amigos del sol y la arena, de la paella de bote y el vino de tetra brick. Aquí no hay turistas, aunque puedan ponerse de moda, cosa que dudamos.

Como dice Manuel Rodríguez Rivero en su siempre estupenda columna Sillón de orejas, "Las causas del malditismo son de especie variada: de índole religiosa (el valle del Siddim, por ejemplo, donde se desmadraban los habitantes de Sodoma y Gomorra) o paranormal (la casa endemoniada de Amityville); de índole climática o geográfica (como en Oumaradi, Níger, donde nunca llueve y reinan solitarios la arena y el viento), o el atolón de Takuu con su ineludible fecha de caducidad; o de índole humana, como el barrio-cloaca de Kibera, en Kenia, o el siniestro bosque de los suicidas de Aokigahara, en Japón."

A algunos les gustará esa soledad sonora, otros echaremos en falta otros lugares malditos donde no entra ni un alma. Por ejemplo en la Ciudad del Pocero en Seseña. 

La publica Geoplaneta, la heredera de las guías Lonely Planet que ya no compra casi nadie, abducidos por la información trucha de teléfonos, GPS, tablet y otros gadgets que también rozan el malditismo de ver a la tropa caminando como zombies tras sus pantallitas. O peor aún, haciéndose selfies como idiotas.

Olivier Le Carrer, Editorial Geoplaneta, Barcelona, 2015, 136 págs, 22,75 €, traducción Carmen Artal Rodríguez.