jueves, 10 de septiembre de 2015

Turismo chiita

Irán quiere impulsar el turismo de la mano de España

Irán quiere impulsar su turismo de la mano de España


La firma del preacuerdo entre Irán y EE.UU. sobre su programa nuclear y el cese de las represalias que estaban ahogando literalmente a la antigua Persia, hace florecer una primavera en el bastión chiita de Oriente.

La geopolítica es cabezona y el permanente conflicto en Oriente Medio con la mayoría sunita del Islám a la cabeza, de la mano de Al Qaeda y Daesh, apoyados por las dictaduras del Golfo y señalados elementos de Arabia Saudí, ha hecho que Estados Unidos quiera equilibrar la balanza dando un balón de oxígeno a la minoría chií, -Irán, Líbano, Yemen y por supuesto Siria-, que ya no es el malo de la película, cuando estuvo a punto de que los americanos repitiesen la chapuza libia, apoyando y armando, como también hicieron en Afganistán, a los futuros terroristas.

Así las cosas, Irán quiere abrirse al turismo y multiplicar por cuatro la exigua cifra de turistas actuales, poco más de cinco millones, casi todos de la rama minoritaria de su religión, y se ha fijado en España, potencia mundial, por más que el ministro de Industria, el rey in pectore de las puertas giratorias se ocupe, es un decir, del turismo.

En el viaje que están llevando a cabo el susodicho Soria junto con el titular de Exteriores y Ana Pastor de Fomento, les acompañan representantes de 50 empresas, entre ellas Paradores, -de la ex mujer de Rato que tanto sabe de hotelería, sobre todo en Berlín-, Hotusa y Destina para asesorar y colaborar en el despegue turístico de la República Islámica.

Como siempre en estos casos, se anuncia la apertura de un vuelo directo entre los dos países, que tiene todas las trazas de quedarse en mero anuncio dados los pocos flujos turísticos y comerciales además de la poca inmigración que alberga España. Debe ser de las pocas nacionalidades que no tienen una fuerte presencia inmigrante en el país.

El sector hotelero, sin Rato en sus filas, se muestra alborozado ante la posibilidad de que Irán cuente con ellos para abrir 300 hoteles como parece intención, aunque se les haya ido un cero.

Bienvenida sea la iniciativa y la apertura a un factor clave en Oriente Medio al que hay que apoyar como único baluarte serio contra el fundamentalismo sunita y contra las actuales y próximas oleadas de millones de refugiados. Si además las empresas españolas pueden sacar tajada, todavía mejor. 

Y si la ministra de Fomento no hiciera el ridículo con el velo y siguiera el ejemplo de Michelle Obama, que prescindió totalmente de la prenda en su visita al país, la marca España saldría de su actual estado cataléptico. Por no hablar de la marca Catalunya, claro.