martes, 4 de agosto de 2015

El fresquito del Norte empuja el turismo rural

Un sector sobredimensionado

Crece la demanda en Asturias, Galicia y País Vasco 


La ola de calor sahariano ha impulsado el turismo en la cornisa cantábrica y Navarra, y ha hecho florecer aunque sea solo en un mes, el marchito sector del turismo rural.

Un sector que nació al calor de las subvenciones europeas y los programas PRODER y LEADER para adaptar casas rurales de los ancestros, aunque ha habido casos en que han sido construidas ad hoc e incluso han cobijado inversiones de procedencia dudosa al calor de la legislación gallega, -todo el turismo rural está legislado por las Comunidades Autónomas-, sobre alojamientos y hoteles rurales y sobre todo, pazos, algunos demasiado cerca del comercio irregular de las Rías Bajas y aledaños.

No ocupa un gran número de personas, 23.524 según el INE a fecha de hoy, casi todo autoempleo, la ratio es de 1,48 personas por establecimiento,  y por Comunidades Autónomas la importancia del Turismo Rural es muy desigual. En términos absolutos, Castilla y León con el 18% del total de la oferta turística, Cataluña (12%) y Andalucía (10%) son las CCAA con más alojamientos rurales. En términos relativos, los alojamientos rurales son especialmente importantes en Castilla y León y en Navarra (donde absorben el 14% de las pernoctaciones del turismo), Asturias (13%), Cantabria (12%) o Extremadura (10%), mientras que apenas inciden en aquellas de mayor desarrollo hotelero como Canarias (0,4%), Baleares (0,8%), Valencia o Madrid (1%).

Precios disparatados hasta la crisisPero la madre del cordero, nunca mejor dicho, reside en la baja ocupación del sector, inferior al 20% de  media en este año, con máximos del 45% en agosto y mínimos inferiores al 10% en meses de baja demanda, problema que se está viendo agravado desde comienzo de la crisis, a pesar del bajón de unos precios disparatados donde a veces superaban el del Parador más cercano con unos estándares muy por debajo. Su innegable sostenibilidad se ha visto empañada por el cambio de la calificación del suelo que ha supuesto en muchas ocasiones, y su posterior especulación tras cerrar el establecimiento y dedicarlo a otros fines.

El INE reconoce 15.830 alojamientos abiertos acogidos a la denominación, con 150.160 plazas disponibles y un grado de ocupación de 17,62 por habitación y 14,66 por plaza a fecha de 31 de julio de este año. El total de pernoctaciones es de 663.000 anuales y la estancia media de 2,40 noches.

Según el portal Club Rural el norte lidera las reservas en este mes de agosto encabezando la lista el Principado de Asturias, con el 18,29% de las reservas, seguido de Andalucía (14,53%), Cataluña (12,12%), Cantabria (9,50%) y Castilla y León (8,62%). Por provincias  de nuevo Asturias (18,29% de las solicitudes de reserva), seguida a mucha distancia de Cantabria (9,50%), Huesca (4,72%), Girona (4,59%), Barcelona (3,39%), Navarra (3,21%), Madrid (3,19%), Cádiz (3,18%), Málaga (2,96%) y Ávila (2,96%).

La dispersa legislación autonómica ha hecho que en este momento existan en España 46 tipos distintos de establecimiento rural, mientras que la referencia europea, Francia, albergue solo  5, gîtes ruraux, chambres d’hôtes, gîtes d’etape/ séjour, camping/chalets, gîtes d’enfants, Italia 3 y Portugal o Grecia 6. 

Y la pregunta del millón con tan bajo nivel de ocupación, es ¿cómo sobrevive un sector claramente sobredimensionado para la errática demanda donde solo en el País Vasco siguen ejerciendo por ley sus labores agrícolas?