miércoles, 15 de julio de 2015

Las 10 banderas más negras del litoral

Greenpeace denuncia las 10 peores zonas costeras

Greenpeace denuncia las 10 peores playas y sus políticos


La organización ecologista Greenpeace denuncia las 10 peores zona de la costa española por razones de urbanización masiva de su litoral, despilfarro de dinero público, contaminación de las aguas,  modelo de turismo insostenible, ruido, y destrucción de sus dunas o corales y rapiña de políticos y hoteleros.

La lista la encabeza, como no podía ser de otra manera El Algarrobico:

1. La playa del Algarrobico (Carboneras, Almería). Este tramo del litoral de inigualable belleza, tiene a sus espaldas una mole de hormigón de 21 plantas. Y todo ello a pesar de que, por sentencia no recurrible, las primeras 14 plantas del hotel han sido declaradas ilegales por el Tribunal Supremo.

2. El entorno de la playa de Os Praceres, o lo que queda de ella. Sobre este tramo de la ría de Pontevedra se construyó la papelera de ENCE. Un complejo industrial que causa graves problemas de salud a las poblaciones cercanas y que gracias a la nueva Ley de Costas, no ve caducada su concesión a pesar que tenía que abandonar la ría en 2018 por su daño ambiental.

3. Ibiza, especialmente sus tramos, sur y sureste, un modelo insostenible de uso del litoral, donde en muchos tramos de la isla, las playas se han convertido en un centro comercial. Un ejemplo: la macrofiesta que se ha celebrado en la playa no urbanizada de S´Estanyol. Ya lo dijo Abel Matutes presidente del grupo hotelero Fiesta Hotel Club, y dueño de muchos complejos hoteleros en Ibiza “en la nueva Ley de Costas he trabajado mucho”.

4. Los macro-chiringuitos de las playas de Alicante, aunque se podría hablar de muchos tramos del litoral similares. Todo gracias a la nueva Ley de Costas. En Alicante por ejemplo, los chiringuitos pasarán de 20 a 70 metros cuadrados, mas del triple de su superficie. Si buscas tranquilidad, poco ruído y pocas hamacas, estas no son tus playas. La nueva Ley de Costas permite esto y mucho más.

5. Marismas del río Tinto (Huelva). En este tramo seleccionado hasta por la NASA por su singularidad y parecido con Marte, existe una industria:  Fertiberia. En Fertiberia trabajó antes de ser la actual Ministra de Medio Ambiente, García Tejerina. En estas marismas, en vez de ánades y flamencos hay depositados 120 millones de toneladas de residuos tóxicos.

6. Punta del Cascajo, en Tazacorte (La Palma). Un muelle fantasma que costó 90 millones de euros en un tranquilo pueblo de marineros. Un proyecto faraónico destinado a puerto de mercancías comercial y dónde solo atracan hoy barcos de recreo. 

7. Punta de Langosteira (A Coruña). Olvídate de los gastos en autovías o en aeropuertos vacíos de los años de la burbuja inmobiliaria. Cerca de la ciudad de A Coruña existe un puerto que ha costado unos 750 millones de euros. Un importante caladero de pesca en una zona maravillosa de acantilado que iba a ser destinado a puerto refugio tras el Prestige y que va a acabar de puerto de Repsol. Obra pagada además con dinero público en su mayoría. 

8. La playa de Muskiz (Bizkaia) debido a la presencia de la refinería de Petronor. En su día, este tramo de litoral fueron unas marismas. La refinería, también amnistiada por la nueva Ley de Costas llega incluso a emitir partículas de coque (un derivado del petróleo) altamente tóxico. Por cierto, el abogado de Petronor ha sido el exconsejero de Interior del Gobierno Vasco con el PNV, Josu Jon Imaz. 

9. La bahía de Algeciras (Cádiz). Poco queda de ese puerto refugio natural donde los fenicios se asentaron y calaron sus almadrabas para la pesca del atún rojo. Hoy toda la bahía es un polo industrial, donde las gasolineras flotantes campan a sus anchas. Una actividad, la del búnkering, que conoce muy de cerca el ex Ministro de Medio Ambiente, Arias Cañete. 

10. Esta se la dejan al respetable. Seguro que el lector o lectora tiene muy cerca o conoce muy bien ese otro punto negro del litoral en que la rapiña de nuestros próceres turísticos y políticos ha cometido una tropelía. Esos que se rasgan las vestiduras si alguien intenta proponer siquiera una tasa turística o ecológica.