lunes, 27 de julio de 2015

Barcos sin honra, islas rebosantes

El imparable debate sobre los límites del turismo 


Los lobbies de hoteleros y vacacionistas rugen. Tachan de comunistas, filoterroristas y chavistas-maduristas a todo aquel que pretende poner un poco de orden en este país abocado a ser en exclusiva de ladrillo y camareros. 

Hasta que tropiezan con la denominada "economía colaborativa", es decir con las compañías estadounidenses que están haciendo su agosto merced a su tecnología, Uber y AirBnb principalmente. Ahí se reconvierten en nacionalistas-intervencionistas y denuncian que eso ya no es petróleo, sino chapapote.

Dos nuevas noticias han saltado a la palestra, que los barcos masivos, los Benidorm flotantes para turistas particularmente torpes, dejan poco dinero en destino y multitud de inconvenientes en los puertos donde atracan, incluida la contaminación de un fuel oil pesado que ahora se descubre cancerígeno. Y el concejal de la pérfida "hada" Colau, Agustí Colom, plantea, "ordenar" el sector y "limitar" su atraque en el puerto de la ciudad.

Y que Formentera estalla por las costuras literalmente, con 20.000 coches foráneos en sus 83 kilómetros cuadrados y cientos de barcos, barcas y golondrinas en sus 69 kilómetros de costas, según publica El País, que importa turistas y coches y exporta la basura que producen. Con 12.000 habitantes y cerca de 50.000 turistas anuales constituye el sueño húmedo de los fundamentalistas de Soria, Borrego y sus huestes, el equivalente a 160 millones de visitantes en España

Hasta el PP aboga por poner una tasa turística a los vehículos. Su líder en Formentera, José Manuel Alcaraz ha debido ser  abducido por el fantasma de Chaves en forma de pajarito, tal y como se le aparece a Maduro antes del culebrón que precede a sus siestas o a la democracia de baja intensidad e ínfima calidad que practican en Venezuela.