lunes, 11 de agosto de 2014

Barcelona d`Or ciudad franquicia

El turismo masivo un fenómeno destructivo y recurrente

El turismo masivo un fenómeno destructivo y recurrente


El turismo masivo en Barcelona está cruzando las rayas rojas con más de siete millones y medio de turistas el año pasado. Así lo cree Oriol Mirabell, profesor de turismo de la Universitat Oberta de Catalunya, (UOC), según publica el diario Nexotur.

Barcelona va camino de convertirse en un monocultivo turístico si no se paran las licencias de nuevos hoteles, se realizan intervenciones urbanísticas más pensadas para el turismo que para la ciudadanía y se invierten pocos esfuerzos en condicionar la ciudad para que crezcan empresas del sector creativo o del conocimiento, declara. 

Y apunta soluciones: limitar la capacidad de alojamiento, parar la creación de nuevos hoteles, redistribuir la oferta y hacer prevalecer la calidad por encima de la cantidad, lo que permitiría redimensionar la capacidad hotelera y mantener los ingresos.

El turismo masivo no se para en barras. No hay más que ver la historia del litoral mediterráneo, la Costa Esqueleto que va de Algeciras al Cap Creus. Historia de burbuja y bluf repetida al menos en dos ocasiones. Y que no tiene empacho en publicar a los cuatro vientos que va a reeditar la tercera edición en cuanto los bancos vuelvan a soltar el crédito.

Pero hay barceloneses que se están tomando las cosas en serio y advierten del peligro que reside en la artificialización del espacio público con negocios tipo franquicia; en perder la imagen que se ha vendido de ciudad diferente, convertirse en un tipo de ciudad de cartón llena de tiendas de recuerdos y un centro sin vida.

El fenómeno comenzó con Cobi y los juegos olímpicos, siguió con los vuelos low cost pagados por las distintas administraciones y siguió con los barcos cruceristas tipo paquidermo que vomitan de golpe hasta 5000 pax que saben que si hoy es martes esto es Barcelona.

Y Lluís Garay, también profesor de turismo de la UOC apostilla que se está produciendo un crecimiento caótico de apartamentos turísticos y la desaparición del tejido comercial del barrio. Y esto no es bueno para la sostenibilidad del turismo ni para la calidad de la vida en la ciudad.

La pregunta es: ¿Desaparecerá el turismo invasor precisamente a manos de sí mismo? ¿O como en la costa mediterránea será solo una tregua en busca de renovados ánimos para seguir arrasando con el paisaje y el paisanaje? 

Lo que está claro es que o lo frena alguien o él solo no se detiene y se alimenta de los argumentos chuscos y viciosos que manipulan sus muñidores sobre los puestos de trabajo.

No hay más que ver las grotescas manifestaciones de una mayoría de carboneros a favor de un monstruo como El Algarrobico, en un pueblo asfixiado por la hidroeléctrica, la cementera y un puerto pesquero de grandes dimensiones semiabandonado. 

La historia se repite, ayer como tragedia, hoy como farsa.