viernes, 23 de mayo de 2014

Un país de camareros con Cañete al frente

Turismo receptivo en España

La inestabilidad mundial hace crecer el turismo patrio


Decía Vázquez Montalbán en Los mares del sur, que España era un país de dos velocidades, de turismo y ladrillo, casi siempre imbricadas. 

Ahora que el ladrillo ha pasado a peor vida hasta el nuevo arreón que levante las estructuras fantasmas de la Costa Esqueleto que va de Cadaqués a Algeciras con el Algarrobico como siniestro mascarón de proa, sólo nos queda el turismo, fundamentalmente de vino peleón y paella estropajosa, conformando un enorme núcleo duro de trabajadores de raspada formación, legión de camareros a duras penas monolingües, como nuestra principal arma secreta contra los ni-nis.

La inestabilidad mundial, -Egipto, Turquía, Túnez, los países árabes en general y ahora Tailandia-, hacen de España el inexcusable destino del turismo pisaplayas, de botellón y borrachera, de las cuatro eses, Sex, Sand, Sun and Sangria, mientras languidece el turismo rural de interior, una vez que ya se han cobrado las ayudas europeas y la oferta se muestra a todas luces excesiva.

Además, en el pico de visitas de europeos de pelo rubio, porque los turistas emergentes se resisten, gozamos de dos preclaros dirigentes: el altivo ministro Soria, el otro Soria, más atento al fracking y a subir la factura de la luz a los ciudadanos que a otra cosa, y la Señora Borrego, la auténtica directora general zombie, protagonista de Dead Walking Woman, que aparece de vez en cuando para certificar lo parco e inútil de su tarea.

La verdad es que si al final se creara un Ministerio de Turismo, desde aquí propondríamos a Cañete como su más franco, nunca mejor dicho, representante. Casposo, cutre, tragón, pelotillero, feo, gordo y metepatas, sería la perfecta imagen del maitre nacional de hotel tres estrellas superior.

Por lo menos nos reiríamos... Más.