domingo, 18 de mayo de 2014

India pasa página

La modernidad, al fondo a la derecha


Con la mayor participación en décadas, el líder del Bharatiya Janata Party ha arrasado en las elecciones indias, la mayor democracia del mundo en el país con mayores desigualdades sociales del mundo.

El triunfador ha sido el polémico Narendra Modi, antiguo gobernador de Gujarat, uno de los estados locomotora de India, auto proclamado fundamentalista hindú y con mucho que esconder en los conflictos anti musulmanes de 2002 donde murieron alrededor de 1000 personas y tuvieron que emigrar otras 20.000, casi en su totalidad musulmanes, una "minoría" que en India alcanza la respetable cifra de 200 millones de personas.

La dinastía Nerhu y su partido multiusos se despide tras una última legislatura en que la corrupción ha alcanzado cotas celestiales, casi tanto como en España, desde los escándalos de los Juegos de la Commonwealth y las adjudicaciones de la telefonía móvil, y el crecimiento económico que rondaba entre el 10% y el 7%, se ha desplomado a cotas del 4%, una cifra casi considerada recesión para un país que pronto superará la población de China.

El Partido del Congreso que condujo India desde la independencia hasta nuestros días, con un pequeño interregno a cargo precisamente del BJP,  ha acabado hastiando a su pueblo, sobre todo a los nuevos votantes jóvenes, ávidos de consumo, con su dinastía pseudo monárquica de los Gandhi, contemplados algunos como extranjeros por su origen italiano y dice adiós con una bajada de votos sólo comparable a la de la UCD española. 

Atrás quedaron su socialismo a la india, su papel dentro de los países no alineados, sus alianzas con los comunistas moderados, sus buenas relaciones con la extinta URSS primero y con la Rusia de Putin después, su laicismo estatal, la autoritaria figura de la matriarca Indira.

Ahora todo son loas de parte de los Obama boy's de todo el planeta a este triunfador neocapitalista que promete crecimiento sin fin, milagro económico, electricidad sin cortes, ferrocarriles sin accidentes y modernidad neoliberal trufada eso sí, de saris, pujas y Ramayana en su vertiente más kitch.

Veremos a ver lo que dice Pakistán que todavía no ha abierto la boca aparte de la ritual felicitación de su primer ministro, la comunidad musulmana, que tampoco, Rusia que está a la espera, -el ejército indio recibe instrucción y armamento todavía en su gran mayoría procedente del ejército (reconstituido) ruso-, y el coro del orgulloso y agresivo fundamentalismo hindú que afila las uñas. 

Asistiremos a ver cómo maneja el complicado sistema de castas y sectas arraigadas en el código genético indio, el declive de la otrora influyente minoría shij, el problema de los naxalitas, maoístas que continúan con su lucha armada en el oeste en favor de los campesinos más pobres, sojuzgados por las grandes corporaciones y su sed insaciable de tierras y materias primas, y a su incómodo vecino chino, por no hablar de su archienemigo, el Pakistán atómico, talibanizado gracias a los esfuerzos de EE.UU en las postrimerías de la Guerra Fría en Afganistán.

Y no olvidemos que el otro gran dinosaurio post revolucionario, el PRI mexicano que perdió el poder tras 70 años de dictablanda, volvió a recuperarse y hoy gobierna a empellones el México neoliberal más bronconarco.

Finalmente, el turismo indio, un tigre de papel con cifras muy modestas, tendrá que encontrar su punto de equilibrio entre el resort cada vez más deteriorado de las playas de Goa, la asfixia contaminada y sofocante de las urbes de Triángulo de Smog, Delhi, Agra y Jaipur, y las maravillas que ofrece un país muy diverso y con una cultura fascinante, y elegir un modelo menos occidentalizante y depredador, que como siempre se asusta fácilmente con los conflictos y contempla los fundamentalismos como algo exótico pero peligroso.