miércoles, 2 de octubre de 2013

El solitario vicio del turismo rural

Otra víctima de la burbuja

Los años de la burbuja crearon un refugio del dinero negro o dinero Bárcenas, -como lo llaman ahora nuestros próceres-, que con frecuencia acababa en casas rurales, ya fuera como huéspedes o como propietarios, invirtiendo lo ganado a veces de forma poco transparente.

El fenómeno contribuyó a una brutal escalada de precios en alojamiento y servicios en algunos establecimientos poco profesionales que llegaban a superar en sus tarifas a Paradores, con un servicio de cuarta categoría.

Por no hablar de esas casas rurales heredadas del abuelito que con un grotesco toque Ikea Style tanto proliferaron por nuestra geografía.

Además en cada comunidad son hijas de su padre y madre, con distintas categorías, criterios y nominación y normas medioambientales que en muchos casos han brillado por su ausencia.

Ahora que la exuberancia irracional terminó, el sector clama por su supervivencia, tras constatarse que la ocupación, siempre baja y muy temporera, se ha desplomado un 5,6% en el periodo julio-agosto de 2013 según fuentes del INE, a pesar de la rebaja de precios de más del 1%.

Pero en agosto, y especialmente en los fines de semana, el batacazo ha sido mayor, con una ocupación del 32,5% de las plazas, y un descenso anual del 3,8%. El grado de ocupación en fin de semana se situó en el 34,6%, con una bajada del 10,5%".

La peor situación se vive en Galicia, arrasada además este año por los incendios. A la espera de tener datos cerrados, la estimación que hacen desde Fegatur, la Federación Gallega de Turismo Rural, es que la mayoría de propietarios acabarán el año con una ocupación media en torno al 15%, algo totalmente insostenible. Sólo se libran los establecimientos situados en el Camino de Santiago, en su trazado francés.

Ahora el sector de autónomos pide árnica, bajada de impuestos y cotizaciones, planes de promoción y ayuda, etcétera, etcétera. Dado el bajísimo nivel de empleo que generan, apenas 1,49 personas por establecimiento, con un total de poco más de 15000 casitas rurales, no parece que le planteen al gobierno un gran problema.

Los que obtuvieron ayudas de la Unión Europea para su remodelación, se pueden dar por contentos. Los que invirtieron mucho de su bolsillo en ellas... al menos pueden disfrutarlas en plan señor feudal del Castillo, del Palacio o del Pazo. O utilizarla como escenario de una película de terror.

Fuente: INE, Hosteltur